ENCICLOPEDIA OFICIAL DEL NOMBRETE CUBANO
Elio huevo frito en: La noche de Pentecostés

Solo frente al vaso de aguardiente Elio huevo frito se pregunta si este último trago le dará el valor que necesita para consumar su venganza. A juzgar por la expresión de augur con que lo mira, pareciera que busca la respuesta disuelta entre los átomos de alcohol. Lentamente aparta la mirada del cristal mientras a su alrededor el silencio se hace cada vez más profundo, denso, misterioso, como un fantasma que palmo a palmo se extiende hasta los últimos rincones de la casa. Un bojeo visual a sus contornos le confirma lo que ya sabe desde hace dos meses: Rita Elena no está, se ha ido, o peor, se la han robado. Es entonces cuando una fuerza mayor toma posesión de su cuerpo  y ya no es su voluntad la que lo obliga a agarrar el vaso y zamparse sin respirar el contenido.

Al punto salta del asiento e impulsado por esta fuerza milagrosa alcanza la puerta. Segundos después sale a la calle sin imaginar que esta noche el huevo va a hacer historia.

No sabe que es noche de Pentecostés, y que un día como hoy  hace dos mil años el señor resucitado, apareció de la nada y a sus discípulos reunidos en el aposento alto puso a hablar en lenguas.  

Necesita un plan y es lo que importa, un plan que va tejiendo en su cabeza ahora que la luna empieza a asomar por el oriente. Dos cuadras más abajo cruza sin detenerse frente a la casita iluminada de ventanales muy amplios, es el nuevo hogar de la traidora, la guarida donde pasa sus días junto a Emerio el cojo.

Lentamente avanza el despechado bajo las estrellas. No hay gente en la calle y la noche es copia fiel de otras noches en este pueblito enfermo de tedio. Media cuadra después dobla en la esquina y emprende la recta final con el arrojo de quien ignora la duda. Raudo atraviesa la vía férrea y ya se escucha en la distancia, por sobre el clamor de maracas y panderetas, la prédica de una voz que dice: ¡Hermanos!, estamos aquí congregados para la dedicación de este, nuestro nuevo templo.

Habla el pastor pentecostal del pueblo. Su voz se hace más clara a medida que el huevo se acerca. …Y no solo han venido pastores  de toda Cuba –continua- sino que nos visitan hermanos de la  congregación universal, pastores de México y Estados Unidos a quienes el señor ha enviado a participar de esta fiesta. 

Aleluya –responde una voz de  mujer desde el público a la que acto seguido se le suman otras- ¡Aleluya! ¡Aleluya! ¡Alabado sea! ¡Aleluya!…

Y es en medio de este frenesí contagioso que Elio huevo frito hace acto de presencia. Trae el olor y la estampa del peregrino que ha atravesado montañas para participar del gran momento. Inmóvil permanece en el umbral unos segundos, frente al pasillo que conduce al púlpito donde el pastor, aferrado al micrófono continúa su arenga:

¡Qué bendición, hermanos, qué bendición, alabado sea el señor, Aleluya, aleluya, tenemos casa al fin, templo nuevo, alegraos hermanos, gloria a dios, gloria…!

Truenan otra vez los aleluyas, gloria, gloria, risas, carcajadas, una mujer da saltos en el asiento, maracas y panderetas se sacuden en el aire para deleite de los cielos.

Elio avanza ya lentamente. Cuatro pasos después lo detiene el vozarrón inconfundible de su ex camarada Tito coronilla, a quien el señor recientemente salvó del fervor por la botella. Arrodillado lo ve, con los ojos cerrados y el rostro de frente al techo azul, reminiscencia de los cielos, mientras extrañas palabras saltan de su lengua: Alobatu majo balapeteosol  alamio bele damee pan pan pan. Son estas tres últimas palabras eructadas a viva voz, lo que hace pensar al huevo que el pobre coronilla está hambriento. No sabe que el ex adicto ha sido bendecido con el don de lenguas.

Inexorable, Elio continúa su avance y son cada vez más las miradas que se posan sobre su figura enclenque, aunque él sólo percibe una cargada de terror que llega desde la primera fila. Mira en esa dirección y es entonces que sus ojos se encuentran con los  de ella. Demasiado bien la conoce como para no saber que se ha quedado inmóvil en el asiento.

Ya ha recorrido la mitad de la distancia que lo separara del púlpito cuando una voz de mujer lo convida a sentarse, pero el declina con un “No” rotundo.

Gloria, gloria, amen, gloria, gloria–grita el pastor visiblemente perturbado, la proximidad del hombre le ha trocado las ideas. La frente le suda a borbotones y ya no hay el mismo ímpetu en sus palabras cuando retoma la prédica: , Hermanos –intenta subir de tono ahora que la catástrofe es inminente-  la gracia del señor está con nosotros y ha descendido esta noche a este pueblo de hombres justos y mujeres…

.. ¡Putas!, es el huevo quien habla, de un zarpazo se ha apoderado del micrófono y toma la palabra por la fuerza, ¡Y tú, grita ahora señalando a la infame, tú eres la más puta de todas, descará, pega tarro, que dios te perdone¿no?! ¡¡Puuuutaaaaaaa!! ¡Eso es lo que eres!

Privado del micrófono, el pastor acude a su garganta para alertar a sus ovejas sobre lo que a su santo juicio sucede.  Es el diablo –grita-. Satanás se le ha metido a este hombre  en el cuerpo, oren hermanos, oren, fuera, fuera, morador de las tinieblas…

La reacción no se hace esperar. Consternados ante el toque de rebato los devotos saltan de sus puestos. Unos ruegan al altísimo por una legión de ángeles que los libere del siniestro, otros patalean, se abrazan, caen al suelo, corren con los brazos en alto invocando al señor en lengua comprensible solo a su gracia suprema. En tanto el resto, apenas unos pocos, los de menos fe cabría añadir, ya corren calle abajo rumbo a la estación de policía.   

Quince minutos más tarde, sin respuesta todavía de los cielos, entran en tropel los defensores del orden. La escena ante sus ojos es prácticamente la misma, salvo que el infractor, acalorado según corresponde a su condición de enviado del infierno, se ha quitado las ropas  y en calzoncillos se dirige a los presentes.      

Vocifera todavía cuando por los aires lo transportan fuera del templo. Ya en la calle lo sorprenden los aplausos de cientos de vecinos que a la carrera han llegado atraídos por el escándalo y que ahora, agradecidos, dan vivas al hombre que con una sonrisa en los labios desparece en el interior del carro patrullero, al héroe que los ha salvado esta noche del aburrimiento eterno.

Fin

Por último un nombrete disentérico: Rogelio caga leche

Y uno díptero: Felipe guasaza. 

Si te gusta el blog puedes decirlo en facebook, a la derecha, bajo mi fotografia

O si deseas eviame un email a: nombretecubano@gmail.com, escribe Si en el asunto y recibiras el blog directamente en tu email

 

Jesus la BTR VS Noelito el de Vivienda -o- Picasso contra Van Gogh

No hay entre los asiduos al bar El Lore personaje más ilustre que Jesús la BTR.

Poseedor de un talento artístico indiscutible y una devoción a toda prueba por el aguardiente,  Jesús debe su nombrete, inspirado en el  vehículo de asalto ruso,   más que a su monumental apariencia – manos enormes, hombros como montañas y rostro de guerrero tracio- a su habilidad suprema para arrasar por donde pasa. 

Graduado de la escuela de diseño allá por los 80, de sus manos estupendas nació Tocopán, la mascota de los Juegos Panamericanos de la Habana, 1991. Sin embargo no le debe a sus éxitos en el mundo de las artes gráficas, el puesto de honor que se ha ganado en la historia de su Cruces natal. Según sus biógrafos de cabecera,  fueron hazañas posteriores –mucho después que el alcohol le quemara los sesos- las que lo han catapultado a la categoría de leyenda viviente.

Más que el mero placer de arrasar por donde pasa, Jesús padece una obsesión incontrolable por arrancar, desprender de sus partes al conjunto.  Histórico es el día que en plena nota extirpó del suelo el árbol que osó meterse en su camino, o la tarde memorable en que fastidiado por las quejas de quienes lo apuraban detrás, arrancó un teléfono público de la pared y para hablar más tranquilo, sobre sus hombros se lo llevó a casa.  

Esta manía separadora alcanzó su momento más  crítico el día en que Noelito el de vivienda  se le atravesó en su camino, suceso que la tradición recoge como: La Noche del Bar de’l Lore.

La atmósfera nocturna impregnada de ron y humo de cigarrillos, sobre un fondo musical dominado por boleros renuentes a pasar de moda, sirven de marco a esta historia. Jesús y sus amigos iban apenas por la tercera botella cuando apareció Noel, embutido como siempre en su  guayabera de algodón, la barriga pujando por liberarse, los botones que resisten, el bolsillo superior adornado de lapiceros según  corresponde a su condición de dirigente.

Si algo no recogen las crónicas de la época es el momento exacto en que un chispazo de sus instintos hizo saltar a Jesús de su asiento. Nadie le prestó atención cuando en medio del bullicio, avanzó sigiloso rumbo a su objetivo, quien a la sazón conversaba animadamente cerca de la barra con un par de camaradas funcionarios.

Y es que al artista siempre le llamaron la atención los ojos porcinos del político, su piel salpicada de manchas, las masas oscilantes bajo la barbilla y el  detalle inusual de la nariz partida en dos sobre la punta. Seducido por las posibilidades infinitas de aquel rostro,  Jesús ni siquiera era consciente de sus propios pasos mientras en círculos cada vez más estrechos exploraba detalladamente al individuo.

Una vez que armó el esbozo en su mente, el artista se dispuso a acometer su obra. Sacó un papel de su bolsillo y acto seguido se lanzó sin avisar sobre el bolsillo de Noel, quien sorprendido dio un salto atrás  como un resorte evadiendo con éxito el zarpazo.

Deja la bobería, compadre, que lo único que quiero es dibujarte-le dijo Jesús un tanto fastidiado por la posición defensiva del sujeto-. Préstame la pluma, viejo…  ¡Total, si ustedes ni las usan!

A lo que el aludido, rojo de rabia, respondió: Qué dibujarme ni dibujarme. Este tipo –añadió dirigiéndose a sus camaradas- se cree que es Picasso.

Y fue Este Picasso, dicho en alta voz,  cual hongo atómico se elevó por sobre las voces del salón, silenciándolas. Dos segundos después la escena quedó  lista para el gran momento. De un lado los protagonistas, del otro los espectadores, al fondo el soso bolerón de Piloto y Vera, como una profecía que llega del pasado anunciando lo que está por suceder, “♪ ♫…  duele… mucho , duele

Para cuando Neolito vino a reacionar ya la BTR se abalanzaba sobre su cabeza proclamando él también su profecía. ¡Pues si yo soy Picasso  tu vas a ser Van Gogh!

Juntos cayeron al piso propulsados por la fuerza brutal del impacto. La BTR encima, el pobre funcionario de vivienda pataleteando debajo, abandonado a su suerte incluso por sus camaradas, quienes a toda marcha salieron por la puerta rumbo a la estación de policía.

Pasaron segundos que parecieron horas, en los que nadie se atrevió a intervenir por temor a las posibles represalias del formidable blindado ruso, quien afincado ahora sobre la colosal cabeza,  se sacudía de un lado  a otro con violencia, mientras los alaridos de su presa hicieron creer a los vecinos que se trataba de  de un sacrificio porcino.

Ya entraban en zafarrancho por la puerta los guardianes del orden en el momento en que Jesús se ponía de pie llevando en su boca los tres cuartos de oreja que confirmaban el cumplimiento de su profecía. Consciente de la paliza que se le venía encima, tuvo tiempo todavía para intentar encubrir la evidencia escupiéndola en el vaso de uno de sus compinches, quien a su vez, lazando maldiciones contra el infame  que acababa de convertirle el ron en sangría, vertió impunemente  el contenido bajo un mesa.

Allí está –gritó Noel a un policía, mientras con una mano apuntaba al pedazo de cartílago que antes había sido suyo y con la otra intentaba contener la hemorragia- recógela para que me la peguen.

Mientras tanto la noticia del suceso estallaba como pólvora y hasta los oídos de Mariela -esposa de Noel y honorable ciudadana- llagaron los ecos de la explosión. Tan rápido partió a su encuentro que tuvo tiempo de interceptar al patrullero  cuando a sirena tendida se abría paso rumbo al policlínico por las calles del pueblo.

En Emergencias los recibió la enfermera. El médico está comiendo - solemne le informó a esposo y policías - hemos tenido una guardia durísima.  Sin tiempo para responder a tan insensible recibimiento,  los dolientes giraron sobre sus pasos y a la carrera enfilaron rumbo al comedor. 

Sentado frente a la única mesa servida encontraron al médico de guardia, un joven recién graduado quien entre sorprendido y hambriento, levantó del plato sus ojos marchitos y en tono casi suplicante se dirigió a la comitiva: Por favor, espérenme en el cuerpo de guardia, que en cuanto termine los atiendo.

Pero usted no sabe lo que pasa – le respondió la mujer-. ¡A  mi marido le han arrancado la oreja! Y sin decir más le arrebató a uno de los policías  el papel envuelto que traía en la mano, lo desdobló lentamente  y  con cuidado sacramental lo depositó sobre la mesa. Si ustedes no lo pueden hacer aquí, tiene que mandarnos cuanto antes para el hospital de  Cienfuegos para que se la peguen allá –acotó la mujer.

El médico, tranquilo, como si la visión de una oreja sobre un trozo de papel mugriento fuera su pan de cada cena,  echó mano al órgano,  lo examinó unos instantes, se puso de pie y sin decir palabra, cual sacerdote en procesión escoltado por los celosos guardianes de la reliquia,  desanduvo el pasillo hasta el cuerpo de guardia. 

Enfermera, prepara sutura -gritó una vez  que franqueó la puerta y acto seguido se dirigió a la comitiva- Siento decirles que esto ya no sirve –de inmediato como para no dejar lugar a dudas sobre lo irreversibilidad de su diagnostico, con precisión de pitcher de grandes ligasmandó la oreja a reposar entre jeringas y algodones en el cesto de basura.

La reacción fue inmediata. Resueltos a salvaguardar la pieza, Noel y Mariela nublando el aire de improperios se lanzaron a rescatarla, al tiempo que los gendarmes, otra vez, en zafarrancho desenvainaron sus palos.

Una hora más tarde, ya en el hospital provincial de Cienfuegos, los médicos confirmaron el diagnostico: Imposible salvarle la oreja

Dos años después, casi recuperado por completo de la paliza, salió la BTR de prisión, en tanto el médico purgaba todavía sus culpas en el remoto rincón del Escambray adonde llegó desterrado, no por su irrespeto hacia el lóbulo mutilado, sino por la osadía de decir en medio de la trifulca: Total, para que la necesita si los políticos no escuchan a nadie.

Desde entonces el Noel se ha dejado crecer el pelo y aunque no ha podido acostumbrarse a su perdida, le queda el consuelo de que en su honor, a mediados de este año, al cumplirse otro aniversario de los hechos, el borroso cartelito de madera grabado con la inscripción  “Bar El Lore” , cederá su lugar a otro que adornado con letras de sangre anunciará  a la posteridad el nuevo nombre del bar:

La oreja de Van Gogh.

Fin  

Por último un nombrete escatológico: Julito cagapoquito

Y uno taurómaco: Pepe saco ‘e tarro.

Si les gusta el blog, no se olviden de decirlo en mi página de facebook: http://www.facebook.com/pages/Enciclopedia-Oficial-del-Nombrete-Cubano/193163214069630 

Para recibir actualizaciones del blog escribeme a nombretecubano@gmail.com, escribe “si” en el asunto.

Adonis el mocho y la tradicion griega

Erase una vez un rincón en lo profundo del bosque y Acteón que acaba de ser descubierto con los ojos en las masas de la sublime Artemisa. Cuatro son las musas que acompañan a la diosa en la tina al aire libre.  Ránide, la más esbelta, con una mano cubre sus pechos mientras con la otra  apunta al sitio donde acaba de ver el rostro agazapado entre las ramas de los cipreses. Más al centro de la acción, Néfele, la maciza ninfa de las nubes, ya se aferra a un brazo de la diosa para con su cuerpo protegerla de la mirada impía. A la derecha, perfilada sobre el cielo azul de mediodía, Psécade no parece perturbada con la sorpresiva aparición del individuo, tiene una mano entre sus piernas y por sus ojos sabemos que se equivoca la leyenda cuando afirma que la ha puesto ahí para cubrir sus virginales atributos. Los  senos de Fíale, erectos como cúpulas, nos hacen dudar que los implantes sean cosa de la era moderna; inclinada hacia adelante parece que la musa invita al desconocido a corromper con sus sudores la fosa de aguas purísimas.

Sentada sobre sus túnicas sagradas, la diosa se rehúsa a escuchar las explicaciones del mortal cuando se acerca a asegurarles que pasaba muy cerca con sus perros, cuando de pura casualidad escuchó el ruido de cuerpos chapoteando en el agua. Piensa el ingenuo cazador que la reina de los bosques esconde su rostro por vergüenza, no sabe que si se ha dado la vuelta es porque busca el arco que ha dejado entre las hierbas para de un flechazo atravesarle el pecho. Antes le ha roceado con agua de manantial la cabeza y ya le brotan del cráneo los cuernos del maleficio divino. En unos segundos más al griego se le alargará la cara, sus dedos se transformaran en pezuñas y sus perros no sabrán que pasó con su amo mientras persiguen al ciervo que huye ente los cipreses.

He aquí como el gran Pedro Pablo Rubens con su arte magistral nos describe los últimos momentos del primer voyeur de la historia.

 

Griego fue también Dionisio Areopagita, filósofo místico y discípulo de Saulo (el Pablo de la Biblia cristiana), de quien unos veinte siglos más tarde un célebre voyeur habanero tomó el nombrete prestado. El personaje alcanzó notoriedad a mediados   de los años cincuenta. Cuentan que a la caída de la noche, nuestro areo-pajita tropical se encaramaba al más frondoso laurel del Parque de la Fraternidad y desde su privilegiada luneta extraía los zumos de su cuerpo mientras contemplaba los retozos de parejitas apuradas, que sin $ para un hotel armaban a los pies del tronco su habitación al aire libre. Su nombre lamentablemente desapareció de los archivos tras una sacudida de la historia, aunque más de un estudioso asegura que por orden suprema lo borraron a su regresó, barbudo, de la Sierra Maestra.

De Grecia le viene también el nombre a Adonis el mocho. Su nombrete sin embargo nada tiene  que ver con  la patria de Perseo, sino que fue parte del precio que debio pagar por librarse del servicio militar, casi nada, , según dice, comparado al horror del momento en que  puso el hacha en las manos de su mejor amigo y cerrando los ojos esperó por el tajo que le separó de la mano el dedo de apretar el gatillo.

Fornido y pequeño  a pesar de los tacones con los que intenta disfrazar su metro sesenta de estatura, Adonis se inicio temprano  en el arte de las hendiduras, a sus nueve años ya podía con precisión de cartógrafo describir  la anatomía de su tía Genara  y a los doce era asiduo visitante a los mejores “cines”  del barrio. Poseedor de una zurda temible sus biógrafos coinciden en que de haberse reservado las energías que malgastó en sus extravíos lejos habría llegado en el deporte de los puños.

Del Adonis legendario, dios de la belleza y el deseo, nada heredó el cubano de la cualidad primera. De Heracles, sin embargo, a sus cincuenta años lleva todavía el vigor en sus muñecas, de Zeus el vozarrón y de Ares la sed de violencia. Si el griego ha marcado un hito en la historia nocturna del pueblo, es porque al contrario de quienes lo antecedieron, sus biógrafos no han podido confirmar una sola ocasión en que al ser descubierto el mocho haya corrido en lugar de defender con sus puños los derechos que le ha dado Nyx,  diosa de la noche y patrona de los mira huecos. De esta faceta suya queda como testimonio manifiesto la sonrisa sin dientes del pobre Juan del cielo, quien en calzoncillos salió a defender su intimidad,  sin prestar atención a la advertencia de su esposa, cuando a gritos le decia: ¡Cuida’o que es boxeador!.

Sus ardores no lo apagaron los años,  ni los calabozos, ni la caída brutal de un tercer piso,  ni la promesa que le hizo a su mujer, Leonela, so pena de perderla para siempre. Persiguiendo agujeros anduvo por el mundo hasta que un flechazo de Eros lo animó a suspender sus aventuras nocturnas.

Ana se llamaba la muchacha de labios carnosos y anatomía perfecta que del Olimpo bajó sin avisar a instalarse en la casa de al lado. Separado tan solo por una pared carcomida del recinto de la diosa, el griego no volvió a tener ojos más que para ella. En secreto adoró sus misterios hasta la madrugada fatal en que unos resoplidos -como de toro en embestida- despertaron a su esposa, que desnudo lo sorprendió trepado sobre el escaparate, con un ojo atado a la pared y en pleno frenesí de su diestra.

Atrapado in fraganti el mocho saltó de las alturas e invocando los favores de Dionisio –patrono de las artes escénicas- comenzó a brincar sacudiendo sus brazos como si intentara despojarse de un abrazo invisible. La maniobra sin embargo no alcanzó para aplacar la ira de Leonela, quien como Eurídice, convertida en humo, desapareció para siempre, mientras él abrazando el aire, a gritos intentaba retenerla:

!Que no soy yo, coño, es el diablo que tengo meti’o en el cuerpo!

FIN

Por último un nombrete bóvido-tegumentario:  Aldo vaca con plumas

Y otro ano-funcional, directamente de Santa María del Rosario (La habana): Mario saca clavos con el culo

Si te gusta el blog no te olvides de decirlo en facebook, a la derecha bajo mi fotografia o visitando la página de facebook: http://www.facebook.com/pages/Enciclopedia-Oficial-del-Nombrete-Cubano/193163214069630 

Para contacto: nombretecubano@gmail.com

 

 

 

La Noche de amor del doctor Paloma

 

Sentado frente a la oficina del director, el doctor Arístides Palomo levanta los ojos del piso y echa un vistazo nervioso a la puerta. Absorto en sus pensamientos tarda en escuchar el murmullo de risas que se acerca desde el otro confín del hospital. Lentamente desvía su atención y sus ojos tropiezan con los de dos enfermeras que de inmediato  cambian la vista a otra parte. El ya no las mira cuando pasan en silencio frente a su asiento pero el eco de sus risas perdura aun después que desaparecen en el pasillo de urgencias.

Desaparecer, es todo cuanto él mismo quisiera en este instante, huir, desintegrase en el aire

Uno por uno desfilan por su mente los eventos de la noche pasada. Como en una película en blanco y negro se ve a sí mismo  otra vez caminando por entre camas y pacientes hasta su oficina en el fondo de la sala de neurología. Trae en las piernas el cansancio de ocho horas de pie remendando cerebros en el salón de operaciones.

Ya en la oficina se desploma sobre su asiento y con las pocas fuerzas que le quedan estira la mano para activar el intercomunicador. No parece su voz sino la de un enfermo terminal la que acto seguido desciende desde los altavoces del techo sobre el sueño de los pacientes: Enfermera,  por favor ¿Puede venir a mi oficina antes de marcharse?

Ella conoce bien la rutina y a los pocos segundos se presenta trayendo en la mano el vaso de agua fría que él tanto necesita.

De repente una carcajada intempestiva corta la película de cuajo y el vaso de agua se esfuma entre las brumas del recuerdo. El doctor Palomo se ve otra vez sentado frente a la puerta del director, mirando a uno y otro lado del pasillo intentando adivinar si fue real la  carcajada o una mala pasada que le acaba de jugar su subconsciente. Acto seguido mira su reloj pulsera y comprueba que faltan diez  minutos para la cita que decidirá su futuro como médico y neurocirujano jefe.   

Necesita evadir la realidad por los minutos que le quedan y otra vez se sumerge hasta la noche pasada, justo cuando la puerta de su oficina se abre y por la estrecha abertura se desliza la figura enclenque del estudiante de quinto año, Anastasio Prieto. El joven llega sonriente como cada noche de guardia, y como cada noche se quita el estetoscopio que trae colgando del cuello para correr a entregarse en los brazos de su querido maestro.

-         Qué te pasa, te ves cansado – le susurra el estudiante

-         Lo estaba hasta que llegaste tu

-         A ver déjame darte un masajito en esas piernas.

Palomo nunca llegará a saber a ciencia cierta si también esta parte la escucharon los que estaban afuera. Por más que se esfuerza no logra ver el momento en que por accidente, en el frenesí de los cuerpos, activaron el intercomunicador. En cámara lenta escudriña con detenimiento la escena que tiene ante sus ojos y no puede precisar de quien fue la mano imprudente,  tampoco si sucedió ahora que se besan por primera vez, o unos minutos más tarde,  cuando llegado el momento, el estudiante le dice: Doctor, por favor, córrase un poquito a la derecha.  A lo que él, afectado por tan desapasionadas  maneras, le responde: Coño, mi amor,  no me digas doctor ahora.

Cómo puede  imaginar que mientras ellos colman de gemidos la noche, la noticia de lo que acontece en la oficinita cerrada del salón de neurología, corre de sala en sala lanzando hordas de curiosos a los pasillos. Cómo puede suponer que el eco de sus frases ardientes lo seguirá para siempre a todas partes. Cómo puede controlar los desvaríos de su lengua, si es el deseo el que le arranca las palabras  cuando en el clímax del momento dice: Ay, papi, dame una nalgá’.

De espaldas… a la realidad, como puede saber que a unos pocos metros el gentío crece por segundos, que si no lo escucha es porque el ruido de sus cuerpos enmascara los susurros de quienes afuera llaman a la calma.

Evadido del mundo, que más da si este deja de existir en este instante del otro lado de la puerta, a él solo le importa disfrutar del momento, sin pausas, sin precipitaciones. Y en este deseo lo acompaña el público que sin querer interrumpirlos aguarda pacientemente a que los amantes exhale sus últimos suspiros para tocar a la puerta.

Son golpes sordos, continuos, seguidos del estruendo de una carcajada colectiva que devuelve  a Palomo a la realidad del frente a la puerta del director. Con un esfuerzo supremo de sus piernas se pone de pie y a punto de dar el primer paso escucha una voz a sus espaldas que grita: PA-LO-MAAA. Pero al darse la vuelta comprueba que ha caído otra vez en una trampa de su subconsciente.

Respira profundo un par de veces, hasta que al fin, con paso leve, como si flotara, anda a conocer su suerte.

FIN                                                                                                                                   Por último un nombrete pringoso: Arturo melcocha

Y uno globular: Elisa la redonda

Si te gusta el blog puedes decirlo en facebook, a la derecha bajo mi fotografía.

Para contacto: nombretecubano@gmail.com

 

De como se conocieron Felito el gordo y Eloisa la inglesa

Santa Clara, Cuba

Es el verano de 1995. Felito y Eloísa están a punto de conocerse en un albergue de la Escuela de Medicina. Ninguno de los dos imagina la sorpresa que le aguarda. Será un encuentro fugaz, inesperado, pero unos pocos segundos alcanzarán para que ella no olvide jamás el rostro chato de él ni él los ojos estupefactos de ella.

Abel es el mejor amigo del gordo y el tercer protagonista de esta historia. Hace un par de meses conoció a Eloísa en una fiesta de la Universidad Central, y esta tarde por segunda vez la ha invitado a su cama.  

Son casi las dos y en el albergue dos del tercer piso, la escena está lista para dar paso al suceso que con los años se convertirá en leyenda. Cinco minutos después se abre la puerta y Eloisa entra quejándose del calor insoportable que no la deja respirar. Escondido en el ropero Felito aguanta la respiración al escuchar los taconazos y aprieta los dientes para conjurar el cosquilleo  que acaba de tomar su cuello por asalto. Acto seguido Abel enciende la radio y desde el aparato salta la voz de un locutor exhortando a la población a mantenerse a salvo del sol que amenaza con derretir la ciudad hasta sus cimientos. Poco después la cama cruje bajo el peso de los amantes, es la señal para que Felito, leve como el humo que se eleva, suba la cabeza hasta alinear los ojos con la hendija.

Cuesta creer que este muchacho escondido en el ropero, llegará a ser un clínico respetable en un importante hospital de la Florida. Pero quienes lo conocen saben que la oncología es la otra obsesión de su vida desde que a los doce años el cáncer se llevó a su padre.

Eloísa cursa el cuarto año de Ingles en la Universidad Central. Ama la lengua de Shakespeare al punto que la ha convertido en el idioma exclusivo de sus sentimientos, o más exactamente, en el instrumento para expresar sus emociones más intimas. Felito lo supo la primera vez que escondido en el baño junto a sus compañeros de cuarto, la escuchó hacer el amor con su amigo. Tal impacto tuvieron en el estudiante los  anglicismos de placer que soltaba la muchacha entre alarido y alarido que de inmediato le pidió a Abel le concediera el privilegio de ver la movie en directo.

Juntos calcularon el día y la hora perfecta, el ángulo exacto del ropero y la altura  ideal de la ranura. Era un plan casi infalible no hubo detalle que pasaran por alto, salvo el pronóstico del tiempo.

Y en efecto, la visión desde el ropero es magnífica. Eloisa suelta el primer I love you que eriza a Felito hasta los huesos. I love you, repite con un suspiro y Abel ABle no puede aguantar l a carcajada que frena el impulso de la inglesa. Felito aprovecha la pausa  para acomodar los ojos y secarse la frente. Ella vuelve despacito a la carga Oh yeah!, oh yeah, baby!

Poco a poco los gemidos van tomando el lugar de las palabras mientras la ninfa cabalga lentamente por las praderas del éxtasis. Felito, desesperado, no puede disfrutar a plenitud del momento, se lo impiden el ardor en los ojos y una incipiente fatiga en el pecho. De repente la muchacha se lanza a galope tendido  y los últimos vestigios de Eloisa se desvanecen al fin  entre los ruegos de la inglesa. Oh, god, Oh, god, Oh my God!… Yes, yes, yes. Oh my God! Yeah, Yeah, More, moreeeeee!  

Mientras tanto en el interior del armario la temperatura sube por segundo, la prueba son los ríos de sudor y el charco que crece entre su base y el piso.  Abandonado a su suerte, Felito ha perdido el interés en lo que pasa afuera. Se acerca el clímax de la acción y ni siquiera lo impresionan los desvaríos obscenos de la muchacha,  f… me!  f… me!, la escucha gritar, pero su mente confunde las palabras con los deseos de un poco de aire puro. Ya no son sus ojos sino su nariz la que acopla a la ranura mientras el resto de su cuerpo se cocina a fuego lento. De repente no sabe donde está, siente que se duerme, que su cuerpo se eleva, que comienza a moverse rumbo a un lugar desde donde alguien le grita. Justo cuando la voz comienza a hacerse más clara y reconoce al amigo perdido en el rostro del que grita, un impulso poderoso brota desde el último lugar despierto de su subconsciente.

La patada deja al ropero sin puerta y el coito inglés –con este nombre  pasará a la  historia- queda  mortalmente interrumpido por una expresión ciento por ciento criolla. 

Me ahogo, cojone.

Nadie pronuncia palabra. A la aparición sorpresiva del gordo sigue tan solo un intercambio silencioso de miradas. Felito respira profundo y sonríe con el placer del que ha vuelto a la vida. Acto seguido echa otro vistazo fugaz a los amantes y se encamina directamente hasta la puerta.

Ya en el umbral, un paso antes de salir al pasillo, se voltea y sonriendo otra vez se despide en un perfecto inglés a la criolla:     

Gud bai.

——-

Por último un nombrete mefítico: Aldo la mofeta

Y uno convolvuláceo: Tony boniato  

Si te gusta le blog puedes decirlo en facebook, a la derecha bajo mi fotografía

 

Monologo de Tonito Juliet

Ay sí mi amiga me voy a tener que operar, porque un día de estos me matan.  

Ya me apunté en la lista de Marielita la presidenta, dicen que demora muchísimo, pero  le estoy pidiendo fuerte a Yemayá para que me apure el turno.

Pa’ que te voy a mentil, le tengo un miedo a esa operación que me meo, si fuera por mi no me hacía nada. No me hace falta operarme para ser auténtica. Tus sabes que  soy más loca que Messalina y más regia que Carlotica de Mónaco, que cuando me emperifollo no hay quien diga que no soy hembra…

El único problema es que a Juanqui le gusto más al natural. Dice que voy a perder su  amor de mulato si me opero. Pero no me importa, mi amiga, no me pienso quedar con eso  para complacer a ese payaso sinvergüenza que se pasa la vida pegándome cosas.

Por eso el sábado me le escapé para el cabaret.

En mala hora, mijita. Enseguidita me ligué un guajiro de no sé qué campo ahí. Nilo, creo se llamaba. ¡Más bueno que estabaaaa!. Pues nada que me sacó a bailar, nos dimos unos besos, me compró unos tragos… Un caballero, la verdad, ¡Uy! y hasta poeta, se pasó la noche cuchicheándome versitos de Buesa.

Lo único que no me gustó fue que le pedí un vaso de agua y cuando me lo trajo me preguntó, ¿satisfacida? Mira, niña, por tu madre que casi me atraganto con el agua aquella…  ¡Ay! Pero me gustaba tanto que le perdoné la burrá.

Me sentía como en un cuento de hadas, te lo juro, la cenicienta con su guajiro encantado. Pues quién te dice, mi amiga, qua todo iba  muy bien hasta que el hombre se antojó de ir al baño y ahí mismo parece que alguien se lo soltó.

Muchacha ¡Cuando regresó!  Venía echando fuego por los ojos, no me dio tiempo a nada, me agarró por ahí y me dijo ¿“y esto”?

Le solté lo primero que me vino a  la mente. Eso, esos son  unos linchacos que me prestó mi primo Jorgito Rosasaya

En mala hora, muchacha. Me ha dado una galleta que de milagro me quedan dientes. No sé de donde saqué las fuerzas pero conlamisma le metí una yo a él. Y ahí mismo fue cuando sacó el cuchillo.   Casi me muero cuando vi aquello, por tu madre. Me mandé a correr y a pedir auxilio, ¡Socorro! ¡Socorro! ¿Tú crees que alguien me hizo caso?… Todo el mundo corrió, sí, pero para ver como destripaban a la diva.

Salí desmelená por aquella puerta. Solté  todo, peluca, cartera y hasta unos tacones acabaditos de estrenar que me había hecho mi amiguito Hatuey. Que horror por tu madre, yo atometel descalza por la calle y aquel hombre detrás con aquel matavaca gritando, párate, párate.

Ya casi me le había escapado cuando en eso resbalo y caigo revolca’ por el piso. ¡Que momento por tu madre!, cuando vi aquel filo brillandoparribaemi. Lo único que pensé fue, despídete bala perdida.

¡Pero mi estrella es grande, mi amiga!

Quien te dice que en el último momento resbala también el guajiro y ahí mismo salté como una gata y lo dejé atrás de vedette con los aplausos. .

Dicen que todavía me anda buscando, por eso estoy pasándome estos días en casa de mi tía. De Juanqui tampoco quiero saber hasta que se me quite esta picazón de arriba. Esos bichitos son el diablo, me he echado de todo, por tu madre, pero lo único que me alivia es el petróleo.

Te juro que les va a costar trabajo agarrarme. La semana que viene me voy para La Habana. Tengo una amiguita operada que quiere que me vaya con ella a luchar italianos en la calle Monte.

Estoy embullaísima. También me quiere ayudar con lo de mi operación, dice que si salgo a arrollar con ella en la  conga de Mariela a lo mejor hasta me apuran el turno.

O quien sabe si me va bien con el turismo hasta yo misma me la pago. Porque hay cirujanos que operan por la izquierda.

La cuestión es que no me la puedo seguir jugando. Tengo que operarme antes que ocurra una tragedia.

Esto, mi amiga, es asunto de vida o muerte… o yo o ella.

Fin 

Por ultimo un nombrete onánico: Otilio paja larga

Y uno ferroviario: Serapio clavo ‘e linea

Si te gusta el blog puedes decirlo en facebook, a la derecha bajo mi fotografia.

Para escribirme: nombretecubano@gmail.com

Leonardo guantanamera

Lugar: Universidad Central del Las Villas. Año 1994.

¡Me cago en la madre del que fue!

La frase sonó como una bomba en el fondo del salón apenas terminada la clase. El aula entera se dio la vuelta. Nadie podía creer que hubiera salido de la boca del poeta, el de los versos de Buesa siempre a flor de labios –pasarás por mi vida sin saber que pasaste…- . El enamorado que al ver pasar a su amada se paraba en el balcón de su albergue para declararle su amor a los cuatro vientos: Yaquelin te amooooo!

Casi nadie conocía la razón de su enojo, se fueron enterando a medida que el cuchicheo se extendió de un extremo a otro del salón. Poco después empezaron las risitas entrecortadas y alguna que otra carcajada inconclusa. Leonardo mientras tanto, con mirada rabiosa recorría el salón de lado a lado. Unos bajaron la cabeza, al tiempo que a otros, los de la cara muy roja y los ojos empapados en lágrimas, no les quedó más remedio que salir al baño.

A nadie le convenía caer en la estima del secretario de la Unión de jóvenes comunistas, del militante cabal que le achacaba los apagones diarios al imperialismo. Hay que tener conciencia del momento histórico caballero, -solía decir- los mambises tenían menos que nosotros y le ganaron la guerra a España.

Sus cantantes preferidos eran José José y Roberto Carlos, conocía todas sus canciones y no era raro que les regalara un recital en las noches a sus compañeros de albergue. Ya lo pasado, pasado –cantaba y su voz se elevaba por los aires de la facultad de letras- no me interesa . El humor no era lo suyo sin embargo le encantaban los chistes de pepito y hasta solía sorprender a cada rato con uno fresco: Esta era una vez, pepito…

A pesar de que recién empezaba la etapa terrible del periodo especial Leonardo siempre tenía una palabra de aliento, le gustaba, decía, crecerse ante las dificultades. Por eso aquella noche, justo cuando el albergue quedó a oscuras por el apagón, Leonardo, perturbado por la andana de groserías y el enojo de sus compañeros de cuarto se subió a una mesa entre las literas, y en el tono jovial de siempre se dirigió a ellos. Arriba caballero que esto es un apagoncito, vengan pa’ aca, levanten ese ánimo , arriba to el mundo, que vamos a cantar la guantanamera. Guantanamera, guajira guantanem…

El galletón no lo dejó terminar el estribillo. Cayó de cabeza, para cuando volvió a dar en sí tenía la frente incrustada contra los pies de una litera. Para colmo de males el apagoncito no lo dejó ver de quien fue la mano. Por eso a la mañana siguiente, poco antes de comenzar el próximo turno volvió a repetir, ahora con más énfasis.

¡ME-CAGO-EN-EL-RE-CONTRA-COÑO-DE-LA MADRE-DEL-QUE FUE!

Lázaro Echemendia.

Por último quiero agradecer a __________ , por su mano invisible y por su valiosa aportación para esta historia.

Galleta: Bofetada en idioma cubano. Galletón: Bofetón

Si te gusta puedes decirlo en facebook, dando click en like

a la derecha, bajo mi fotografía.

Nocturno de Mirabal la muerte

Son la doce  de la noche y en el barrio La ramona reina la calma. La luna comienza a trepar el cielo por el este, en tanto una brisa húmeda  llega desde los mares del sur a refrescar la madrugada. No hay gente en la calle y la avenida principal luce como detenida en el tiempo, el único signo de vida son dos perros enclenques  que acaban de doblar en una esquina y cruzan sigilosos hacia la acera de enfrente. La brisa silba ahora con fuerza entre las ramas de los árboles y penetra por las ventanas abiertas del vecindario.  Justo cuando pareciera que los vecinos podrán dormir al fin, que el calor es historia, al menos por esta noche, y que la paz que ahora respiran durará hasta la mañana, se deja escuchar una voz.

¡Te bañaste,  desgracia’o! – transcurren unos pocos segundos y los que no despertaron antes despiertan ahora con la segunda ráfaga. ¡Ya te lo he dicho mil veces, cacho ’e cabrón, que no me gusta dormir con peste a muerto en la cama!

Al exabrupto sigue un golpe sordo que pone a temblar la cuartería, señal de que Jacinto Mirabal acaba de caer al suelo.

¡Maaaaaaarta! –habla ahora el marido- ¡Marta, coñó! ¡Cómo tu me vas a dar ese trastazo, yo soy un hombre, carajo. ¡Yo soy tu marido y tú me tienes que respetar! ¡Qué van a pensar los vecinos!

No imagina Mirabal la muerte que los vecinos conocen la respuesta de antemano: Que eres un tareco –responde la esposa- eso es lo que van a pensar.

Maaaarta, que yo soy tu marido, coño –la insistencia en su rol conyugal tiene también su respuesta.

¿Marido? y con qué cuentas. 

Pero Marta, por tu madre que van a pensar la gente. Baja la voz que te van a oír.

No sabe el funerario que su precaución es superflua, que a Marta la escuchan cada noche que él se le acerca demasiado: Échate pa’ alla viejo cochino, que a ti no te aguantan  ni  los muertos.

Es el precio de vivir entre las tablas de la vieja cuartería, los Mirabal, actores de su propio drama y los vecinos, espectadores obligados de la comedia.

Lo siento, corazón –vuelve Marta a la carga- pero si quieres acostarte sin bañarte vas a tener que buscarte otro trabajo.

¿Sí? y quien va hacer lo que yo hago en este pueblo –habla Mirabal con el aplomo de quien se sabe indispensable, con el derecho que le otorga ser maestro primado del oficio. Su esposa lo ha ofendido en lo más hondo, y ardoroso levanta ahora la voz en su defensa. Yo soy un profesional, carajo.

Desde los confines del pueblo llegan los aullidos de perros en trifulca. Un grillo rompe a cantar afuera y Marta suelta una carcajada.

¡Tú lo que eres un viejo berraco que se las da de cirujano!  ¡ Y acaba que no estoy pa’ ti, deja la habladera y camina pal baño!

Se escucha un  ruido apresurado de pasos y acto seguido la voz de Marta que regresa. Ah y que no se  te ocurra prenderte a la botella

La advertencia hace recordar al auditorio la escena de por la tarde. El altercado se inició con la respuesta del marido a una pregunta de la esposa. Ella volvió a preguntar y él insistió en su teoría sobre las propiedades del ron como antídoto contra los efectos del formol. Ya te lo he dicho mil veces mujer, que el ron ni me gusta. Me di unos tragos con los socios para destupirme la nariz y quitarme el mal sabor que me dejó  el formol en la garganta.  

Marta, fiel a su costumbre durante sus arranques de rabia, permaneció callada. No tendríamos noticias de lo que sucedió después de no haber sido por los gritos de Mirabal y sus pedidos de clemencia. ¡Ay coño, Marta,  no me des más por tu madre!

De inmediato al reclamo del esposo se le sumó el de Ilianita, la hija adolescente. Ay mamita no le des más que lo vas matar.

Coge el cuchillo y mátalo tú,- respondió la madre- que todavía eres menor de edad y a ti no te van a meter presa.

Son las doce y treinta y la brisa enfrió al fin la madrugada. Dos gatos maúllan a lo lejos mientras en la cuartearía retumba otra vez el sonido de pasos. Transcurren unos minutos de silencio y se deja escuchar una última ráfaga: Échate pa’  allá, viejo e mierda

La ramona por fin vuelve a la calma.

 

Por último un nombrete escrotal: Félix huevo ‘e toro

Y uno escatológico: Cuzito mojón de  chiva

 

Fin

Lázaro Echemendía

 

Si te gusta el blog, puedes decirlo en facebook. A la derecha bajo mi fotografía.

 

Para recibir el blog directamente o para comentarios escribe a nombretecubano@gmail.com

El Crimen de Nestor tibol

La culpa no fue suya sino del coronel que firmó los papeles autorizando su ingreso a las fuerzas armadas.

Si hubieran investigado mejor se hubiese evitado la tragedia. Ana, su madre, les habría advertido que Nestico llegó al mundo entre malos augurios, que a la mañana siguiente de su nacimiento la cotorra de la abuela Julia amaneció muerta y el gato de angora, orgullo de la familia, desapareció para siempre.

Nadie supo si fue casualidad o maleficio pero lo cierto es que el muchacho tenía problemas. Un trastorno límite de la personalidad según el diagnóstico preciso del psiquiatra. En otras palabras: fronterizo.

Quién que hubiera prestado atención a su historia clínica habría permitido que le pusieran un fusil en las manos. Pero los responsable no indagaron a fondo.

El propio Néstor les hubiera dicho que su vida era testimonio irrevocable de que no hay justicia en este mundo. Que de niño creció bajo el acoso de otros niños por tener la cabeza diferente, el cuello cortito y una sonrisa de cuatro dientes. Que si le hubiesen dado a escoger a su víctima habría escogido a Shrek, la famosa estrella de Hollywood y a decir de sus muchos, su réplica . Que hubiera preferido no tener que cargar con la herencia maldita de su abuelo materno,  el nombrete brutal cuya sola mención –aún accidental- bastaba para que le hirviera la sangre en las venas. ¡Tibol! Apenas escuchaba la palabara clavaba la mirada en el insolente, los ojos rojos de furia,  arrugado el entrecejo. Inmóvil calculaba la distancia, mientras con inhalaciones profundas comenzaba a llenar de aire sus pulmones. Al punto entornaba los ojos, era el momento de correr antes de la embestida del toro.

Tenian que preguntar a sus amigos antes de ponerle el uniforme verde olivo, quien sabe si se hubiera evitado una muerte. Alexander, por ejemplo, no tiene reparos en contar lo que aconteció el día en que lo invitó a violar a muñeca,  la puerca  de Jesús Sampel.Eran cinco en total y para cuando le tocó el turno  a Nestor estaba tan enfadado el animal que sacudiéndose de lado a lado lo incrustó contra una esquina del corral mientras entre alaridos de pánico el pobre tibol decía: Quítenmela coño  que me la corta.

Hay quienes aseguran que no habría corrido la sangre si lo hubieran entrenado mejor para su primera guardia nocturna.  Los que así opinan no están al tanto de su   innata escatofobia –miedo a la oscuridad- ni de la queja de su madre: Jamás debieron soltar a Nestico solo en lo oscuro.

Era una noche sin luna y a juzgar por los hechos, el recién estrenado soldado hizo bien al dar el primer alto en cuanto escuchó el ruido entre la maleza. Aferrado a su temible Kalashnikov permaneció fiel al reglamento aún cuando los nervios le humedecieron los calzoncillos.  Resuelto a defender su posición aguantó cuanto pudo hasta que la aparición súbita de la sombra lo forzó a batirse en retirada con el dedo pegado al gatillo.   

Para sus compañeros de escuadrón -demolidos tras semanas de entrenamiento intensivo y raciones mínimas-, lo peor no fue despertar a media noche bajo el estruendo aterrador de las ráfagas, sino que la vaca no sirvió ni para picadillo.  

Fin

Por último un nombrete pisciforme:Javier la claria.

Y uno facial: Humbe la mueca.

Si te gusta el blog puedes dar en click en “me gusta”en facebook, a la derecha bajo mi fotografía.

Para suscribirte al blog o para comentarios personales escríbeme a: nombretecubano@gmail.com. escribe nombrete en el asunto.

La Quema del rubio Hatuey

¡Nadie ocupará mi lugar!

Con esta frase inspirada en el repertorio clásico de Los bukis, se hizo pública la más apasionante tragedia antillana de los tiempos modernos.  Su autor, Orel Fleites,  a todo pulmón la soltó una tarde de nubes  negras  frente a la puerta de la casa que compartía con Evelyn la flaca. De un solo trago vació el ron de la botella y acto seguido la rompió contra la acera. Cuentan los testigos de la escena  que soltó una carcajada cuando de un tajo certero se cortó las venas.

Acababa de cumplir veintitrés años y nadie comprendía el acto atroz de arremeter contra su vida. Tal vez la carcajada tiene su explicación en estas palabras de Romeo poco antes del telón de cierre “Dicen que a punto de morir el hombre siente un último instante de alegría”. Harto conocida es la historia del héroe de Shakespeare, pero qué pudo sembrar en su émulo tropical  semejante desprecio por la vida. Sólo hay una forma de saberlo: Empezando por el principio.   

 Según sus amigos más cercanos los dioses comenzaron a tejer su desdicha un par de años antes, la noche de la gran revelación, que tuvo, no en sueños, sino en los caracoles de Raulito “el finito” su padrino y confidente.  Tres veces tiró el Oba los caracolesy tres veces repitió el santo su sentencia: Tienes que meterte a jinetero. 

Luego de varias incursiones fallidas por las playas del norte al fin logró ligar a Anne, un espécimen alemán de más de setenta años, axila insoportable y dos metros de altura. El romance no pasó de una semana, una segunda revelación llegó con la ruptura: Las europeas los prefieren mulatos.

Probó entonces el rubio a hacerse gigoló y lo consiguió con la conquista de Evelyn. Eran tiempos difíciles y el chulo recién inaugurado encontró en la profesión de zapatero remendón un refugio contra la baja turística. Así mantuvo a la muchacha,  a sus dos hijos y a sus zapatos  hasta el inicio de temporada. Llegó diciembre y Evelyn, muchacha sensacional con porte de top model y sobradísima experiencia,  ligó un italiano en su primera salida. Pronto la vimos en el pueblo paseando en VW acompañada de su extranjero al timón y  Orel en el asiento trasero, devenido ahora en su hermano, cocinero, lavandero, tío y encargado de los niños.

El extranjero no tardó en descubrir la patraña y tras una acalorada discusión implantó las condiciones que precedieron al suicidio. 

Llovía a cantaros cuando llegó el herido al policlínico. En la puerta lo recibió mi amigo y gurú exotérico Ramón bulele, a la sazón el enfermero de urgencias. Fue él quien le empalmó las venas aquella tarde mientras Orel deshecho en lágrimas le contaba sus penas. Si llegó a despreciar la vida, curiosamente no fue por haber cedido a los caprichos exóticos del italiano, como el  de obligarlo a ponerse los panties rosados de Evelyn antes de meterse los tres a la cama, sino por la ingratitud de ella. Ya no le importo - le confesó al enfermero,- Yo, yo que le puse las suelitas a sus tacones para que se fuera a luchar a Varadero.

Apenas un año después y con las cicatrices de Orel todavía frescas la niña mala volvió a las andadas. Pero esta vez no se lo perdonaría, sobre todo porque cualquier intento de reconciliación atentaría contra sus principios. Lo aguante todo, así le dijo, desde los excesos sádicos del italiano hasta cuidar de los niños mientras ella se divertía entre rusos por los cayos del norte, pero jamás soportaría la humillación de que lo traicionara con un cubano.

Fue entonces cuando resolvió emparentar su destino al del cacique inmortal, Hatuey, nuestro primer héroe, el mítico taino que afrontó como un valiente la hoguera. Del indio heredó el despechado su nombre, el día en que sin frases de despedidas ni aspavientos públicos se metió en el baño de su madre para pegarse candela. Lo normal, de acuerdo a las estadísticas, es que hubiera utilizado el método tradicional de los hombres, ahorcamiento. La explicación está en el tanque de agua que tenía a su lado, dentro del que a tiempo sofocó las llamas. 

Los hechos confirman la creencia de que la quema fue mera pantomima de Romeo para conmover el corazón de su amada. No sabía sin embargo que a  Evelyn jamás la tendría de vuelta, ni que el nombre del cacique legendario lo acompañaría para siempre.

Fin

Por último un nombrete díptero: Daniel la mosca

Y uno frutal: Ernesto mamoncillo.

Lázaro Echemendía

Si te gusta el blog puedes dar click en “me gusta”o “like” a la derecha bajo mi fotografía.

Para comentarios o para suscribirte al blog envíame un email a nombretecubano@gmail.com

Nocturno de Ramón el kilo

Jamás  den crédito a sus sentidos, suelen ser engañosos.  Creemos que lo hemos escuchado todo, que nada puede ya sorprendernos  hasta que una noticia repentina, un descubrimiento científico o un chisme de último minuto nos hacen decir, pero cómo,  no es posible,  estaré oyendo bien …

Más desconcertante aun es no poder creer en lo que vemos. Eso me pasó la madrugada en que Ramón el kilo quiso pasar la noche con una yegua.

Fue una noche de clásicos que inicié con “El Doctor bisturí”. Un horror de película de horror protagonizada por este   malogrado discípulo de Jack el destripador. Brian el cebú, mi amigo y fervoroso fanático de Voltus V y Robocop, me la prestó aquella tarde con una seria advertencia: Te va fascinares un clásico.

Aguanté hasta el  minuto 30. Apagué el televisor  y  me fui a la cama sin sospechar que pagaría cara mi ofensa. Esa misma noche el doctor de marras regresó y serrucho en mano me tuvo corriendo por toda la casa hasta que a eso de las tres de la mañana  desperté con  la voz de Milagros, mi novia de aquel entonces. Levántate  -decía- que el Kilo se arrebató

De que hablas - le respondí- … ese nunca ha estado cuerdo.

Que esta vez si es de verdad, insistió y sus palabras se confundían ahora con el vozarrón del vecino.

Salté de la cama justo cuando Ramón decía, tú tienes que dormir conmigo esta noche. Corrí  al portal y lo vi pasar halando de la brida al animal que renuente caminaba detrás.  Asustado miré a todas partes preguntándome si el  Doctor bisturí no vendría detrás.

Pero no era cosa de sueños, lo supe cuando  media cuadra después el kilo se detuvo frente a la puerta de su casa y a todo pulmón soltó una frase que puso en alerta máxima al barrio: ¡Ahora tú vas a ver lo que es un hombre, coño ¡

El kilo, nadie lo ponía en duda, reunía las cualidades del vecino ejemplar, respetuoso, comedido y muy atento, lástima que sólo de lunes a viernes. Su metamorfosis empezaba los sábados por la mañana con el primer trago de licores bulele SA, destilería insigne del barrio y distribuidora exclusiva de dos variedades de chispa e  tren: quimbín y salta pa tra.

Ramón  y su gato machito eran lo únicos habitantes de la casita mas pequeña del barrio, la de ladrillitos rojos que en otros tiempos había sido el ala izquierda del bayú de Celestina. 

… Patea,  cabrona, patea todo lo que tú quieras, pero tú te acuestas conmigo esta noche –gritaba mientras el titi semilla, su primo y vecino de la otra ala, llegó a separarlo del animal-.  Déjame, déjame coño, que hoy yo tengo que dormir con una hembra.

Tu estas loco, Kilo, tú estas loco –lo confrontó a gritos semilla- Te lo diiiiiiiiiiije comemieeeeeerda, que el parkinsonil te va a matar. Pena debería darte que todo el mundo esté mirando este espectáculo. Hablaba  justo cuando  Mechita Mato –ojos y oídos del barrio- se abrió paso entre el gentío para reclamar su palco preferencial. 

… Que ya esta yegüita  me conoce, compadre – respondió con voz calma Ramón esta vez, puso carita mimosa y continuó en tono más tierno -. No veldad yegüita linda,  que tu  papi  te prometió que esta noche  te iba a tratar como una reina.  Hablando le acarició la crin y se abalanzó de súbito intentando sorprenderla con un beso. Espantada la yegua respondió  con una mordida que arrancó un grito simultáneo a la multitud. Los reportes de la mañana siguiente, coincidieron en que de no haber sido por el empujón oportuno de semilla el kilo hubiera necesitado un transplante de nariz.   

¡Apártate Satanás!  –se escuchó decir a una sombra que avanzaba a toda velocidad-  Segundos después la sombra se hizo hombre y cual milagro desde las tinieblas apareció la figura de Herminio, el pastor pentecostal. ¡Pero es que no lo ven,- gritó haciendo gala del mismo vigor vocal que solía usar cada noche desde el púlpito- Este hombre está endemoniado …  trae en su  frente la señal del maligno.

Déjenme tranquilo, coj…. que yo lo que quiero es una hembra –, gritaba el kilo aferrado todavía a las riendas. Que yo lo que quiero es _______ coño- acotó en el momento en que Herminio le puso la mano en la frente.

¡Veeeeete! ¡Vete enviado del infierno!, -con estas palabras se inició el exorcismo-¡Regresa ahora mismo a las tiniebla!

¿Cómo que regresa?, se oyó decir a una voz. Si por ahí viene.

En efecto, desde los confines del barrio de pueblo nuevo avanzaba a toda marcha una figura esperpéntica. De momento creí lo peor, pero respiré tranquilo al ver que se trataba de Sebastián el  albino.

Así que tú eres el que me anda volviendo loca las bestias -gritó el esperpento, quiero decir, el albino-. Pues ahora vas a ver, cacho e cabrón. No dijo más.  Acto seguido su machete centelleó en el aire, enfiló contra el kilo y  el pastor volvió a convertirse en sombra.

El primer planazo puso a Ramón de rodillas, el segundo lo hizo soltar las bridas para sorpresa de su hembra,que sin esperar un segundo a  galope tendido “se la ganó”.

Fiel a los hechos diré que el plan de machete al kilo no le arrancó  una queja.  Sus lamentos no fueron de dolor, sino prueba irrefutable de que el sufrimiento físico nada puede contra los sentimientos. ¡Ay! ¡Mi hembra!-decía-  ¡mi hembra!  

Estuve entre los que lo recogimos del piso y lo llevamos al policlínico.

 La mañana me sorprendió en el servicio de urgencias.

Fin

Se la ganó: Se dio a la fuga en idioma cubano.

Por último un nombrete pachanguero: Julio maraca

Y uno  trasvesti: Artemito madonna.

_____

Si te gusta el blog puedes dar en click en me gusta en facebook, a la derecha bajo mi fotografía.

Para recibir el blog por email o para comentarios personales escríbeme a  nombretecubano@gmail.com

 

Carta a Wilfredito el cantante

Houston, 12 de Julio del 2011.

Querido Wilfredo.

Me enteré que  has vuelto a la carga con tus comentarios. Yo creí que  habías encontrado por fin la paz espiritual que tanto necesitabas, pero acabo de recibir un email comunicándome que ando otra vez en lenguas por tu culpa.

No creas que estoy molesto. Tampoco lo estuve cuando te dio por llamarme mi conejito. Me saliste con el cuento de que me lo decías porque el conejo era mi signo en el horóscopo chino. Luego me enteré de que mi signo era el puerco, que lo tuyo era fascinación por los lepóridos, porque a papito salsita lo llamabas mi liebrecita

Qué pensaría mi abuela, Wilfre, que te quiso como a un hermano, por ella supe que fueron juntos al kindergarten.  Hablando de  tus viejos tiempos, Pinochito acaba de regalarme un par de historias, pero le dije que prefería enfocarme en tu etapa posmenopáusica.

No se me olvida el día en que pasaba frente al Ministerio del trabajo  y me llamaste: Oye,  niiiiiiiiño, ven acá, que quiero que me oigas.  Y me paseaste orondo hasta tu oficina frente a tus compañeros de trabajo. Cerraste la puerta y me invitaste a tomar asiento.  Activaste la casetera con tu background y vine a saber qué te traías cuando rompiste a cantar. Creí que era una broma, pero no…  no paraste  hasta consumar tu masacre de Lady Laura, tu preferidade Roberto Carlos. Terminaste sin voz,  y sin aire te desplomaste sobre el buró, con los ojos llenos de lágrimas. Aquel día comprendí porque te decían el cantante.

Lo lógico era que te dijeran el pintor, pues en eso sí tenías artes…  y un ojo muy fino para escoger a tus modelos. Dasni  me confesó como lo engatusaste con el cuento de que lo ibas a hacer famoso si posaba desnudo para tu versión al oleo del David de Miguel Ángel.  El pobre, te creyó hasta el día que le dije que el David original no era de espaldas. Te dejó  con la obra a medias y con tus ganas… de terminarla.

Mejor suerte tuviste con el tati. Lo invitaste a una cena para celebrar por la escultura que le hiciste y aún sin terminar   el plato fuerte te aflojaste el batilongo y mirándolo a los ojos le dijiste: Ven, Rafael Armando.

  cayeron en tu trampa fue por no hablar a tiempo o, para usar tus palabras, por tenérselo tan  calladito. Yo les hubiera advertido de los artificios que  probaste conmigo, como el de asegurarme que Kakito  y Alberto posaron desnudos para ti muchas veces junto al cauce del rio Sagua, cuando en realidad fue una sola vez  y en la playa.

Salsita te costó más trabajo. Por meses sufriste la tortura de verlo con su espalda desnuda sacando agua en el pozo frente a tu casa. Hasta que un día no pudiste soportar más aquello, te le acercaste por detrás, le metiste un papel en el bolsillo y le dijiste Lee y después me das la respuesta. Pero el macharrandango  no lo leyó y lo peor, lo rompió en el acto, hiriendo tu corazón y el mío, que todavía sufre la pérdida de tan valioso documento.  

El papo te lo aguantó todo hasta que le cambiaste la o por la i y ese día resolvió matarte. Yo traté de apaciguar sus ánimos con mi tesis de que seguro eran cosas del alzheimer, pero mi madre salió con la suya de que eras una vieja maricona…  loca y alborota’.

Te cogí un poco de miedo, no voy a negártelo. Por tu culpa empecé a caminar dos cuadras de más  camino a ver a mi novia. Así me evitaba el trance de pasar por frente a tu casa y verte salir como una exhalación para ponerme al tanto:  Niiiiiiiiño, pero que casualidad, tu amigo Vasilio se fue de  aquí ahora mismo, vino a dormir el mediodía. El  pobre, me dice, ¡Ay! Wilfre es que en mi casa a nadie me  entiende…  Niiiiiiiiño, esta noche vienen Renesito  y Soca porque quieren que les cocine unos frijolitos ricos… Niiiiiiiiño, Delito Manuel vino a verme llorando por una discusión  que tuvo con el padre, lo apreté contra mi pecho y le dije, llora, llora conmigo que los hombres también lloran… Niiiiiiiiño, tu primo Emilito se me apareció anoche porque quiere cantar a dúo conmigo, pero yo le dije, que va mi negro, tú tienes la voz muy ronca.

Lleguéa creer que lo había escuchado todo, que ya no podías sorprenderme y que era inmune a tu lengua,  hasta el día que me soltaste el bombazo:

¡Ay! niiiiiiiiño, si estaba loco por verte. Vas a tener que hacer algo. Me están rascabuchando. Anoche   estaba viendo una película y sentí aquí mismito detrás de la ventana, una voz de hombre que decía, ¡Ay! ¡Ay! que rico, papi, papi, papi, ¡Ay! ¡Ay! Que rico. Y me paré y le grite Ah Descarado, descarado, porque eso es lo que eres, un descarado, y te aprovechas porque piensas que estoy solo, ¿no?, pero ahora tú vas a ver. ¡Lazarito! ¡Lazarito!, levántate y ven a ver a este descarado lo que está haciendo aquí atrás… Le dije así porque yo quería  que creyera que no estaba solo, que tengo a quien me defienda.

Suspiraste y creí que habías terminado, pero te faltaba cerrar como tus heroínas de Corín Tellado.  ¡Ay! por  favor,  es que no sé ni cómo pedírtelo,  pero… ¿tú podrás venir esta noche a acompañarme?

Hace diez años que me fui del barrio y créeme  que sentí mucho tu muerte. Te sorprendió un infarto en la noche y te fuiste sin enterarte. Creí que a partir de entonces se acabarían tus desenfrenos, hasta que recibí el email de que te hablaba. Me lo envió Tirso, tu  mulato consentido. Me cuenta que René contrató los servicios del Olímpico para hacerle una misa espiritual al papi, pero en lugar del  limpiabotas sodomita se apareció tu espíritu. El olímpico se encorvó así como de ladito, puso ojitos socarrones y soltó estas palabras, que no eran las de él sino las tuyas. ¡Ay! Por favor, díganle a Lazarito que me traiga rosas rojas el día de  los fieles difuntos.  

Coño, es que me dejas sin palabras.

Sin más, me despido con las tuyas.

Niiiiiiiiño, por favor, que la paciencia tiene un límite.

Lázaro.

PD: Dale mis saludos al Rufi, dile que Yoelito el caca lo extraña muchísimo, que a cada rato llora abrazado a su kimono japonés, el de los vuelitos.

Fin

Por ultimo un nombrete vegetal: Herminio lechuga.

Y uno luctuoso: Mirabal la muerte.

—-

Si te gusta el blog puedes decirlo en facebook dando click en like a la derecha bajo mi fotografía.

Para recibir el blog o para comentario personal escribeme a:  nombretecubano@gmail.com

Breve biografía inconclusa de Dani la estafa

Descendiente directo del Conde de Landamburgos y su cristianísima esposa la duquesa de Quesada, dama primada del reino de León en España. Su rimbombante apellido perdió una “s” al cruzar el océano a principios del siglo XX, para 1977 perder la última gota de alcurnia con el advenimiento de Dani Landanburgo.

Creció caminando a la diestra de su padre, Valentín Landanburgo, vendedor ambulante y artífice del anti pregón cubano, quien a sus 71 años anda todavía por las aceras de Cuba, proponiendo en voz muy baja, sigiloso como si de marihuana se tratase, Tengo boniatillo aquí.

Que mejor ejemplo para ilustrar sus primeros años que este fragmento de email que acabo de recibir de Tatiana L. Tamargo: “Dani era muy calladito … él era cuatro años mayor que yo pero nos sentábamos juntos en el cuarto grado”. De ahí el capricho de sus compañeritos de entonces de poner un “r” en el lugar de la “g” de Landanburgo ….

De su padre aprendió a dar valor al dinero, de las caminatas continuas, a despreciar el dinero bien ganado.

Comenzó su carrera a los diecisiete años. A los dieciocho tuvo su primer descalabro. Nena Aedo, su víctima de entonces, a quien le había prometido un 100 % de ganancia sobre los veinte dólares que le pidió prestados, cuchillo en mano, se presenció una mañana en su casa y golpeando la puerta con ánimos de derrumbarla gritó: Abre, desgracia’o, a mi tú me devuelevs lo mío, o te voy a rajar como un puerco. Acto seguido puso a un lado el matavaca, afincó la pata de cabra que traía contra el llavín y se dispuso a abrirse paso.

Te debo la vida, me dijo hace poco la estafa. Y no se equivoca. Comencé a sospechar aquella mañana cuando vi apertrecharse a mi madre. Le arrebaté el cuchillo justo cuando se disponía a validar su amenaza.

Más tarde nuestro personaje se enroló en el lucrativo tráfico de los relojes. Un tío suyo –sin lazos de sangre- pagaba 50 centavos por ejemplar de Seiko y en parcelas de 100 se los enviaba desde Nicaragua. Fueron meses en que junto Ramiro raspita, la estafa recorría la isla de punta a cabo, consiguiendo ganancias de hasta 40  dólares por ejemplar.

Tenían como regla no regresar nunca al mismo pueblo. Quiso la casualidad que Mery mulele, quien a la sazón operaba en los hoteles de la zona, fuera testigo de lo que sucedió cierto día en que violaron la regla. Doblaba una esquina de Trinidad cuando a punto estuvo de chocar con Dani: Venía desmelana’o, -recuerda- resoplando como un toro, suerte que me quité del medio porque por nadita me tira al piso.

Sus ojos se encontraron por una fracción de segundos, y los de él, según Mery, eran ojos de pánico. Lo único que le escucho decir –a gritos- fue ¡Corre! ¡Corre!… antes de continuar calle abajo. Las palabras –Mery no tardó en descubrirlo- no iban dirigidas a ella sino a raspita que venía detrás, seguido muy de cerca por un grupo de ex clientes disgustados.

Temeroso de posibles represalias, concibió su salvación en una lancha. Su mito se consolidó a raíz de una frustrada salida ilegal, hecha pública en boca del mismísimo Fidel Castro. Quién iba a imaginar que gracias a este sencillo muchacho, por primera vez en la historia el nombre de nuestro pueblo iba a ser mencionado en el periódico Granma.

Con los años Dani refinó sus artes hasta alcanzar el virtuosismo. Así pudo viajar a España con el dinero de un camión imaginario que le vendió al gordo Vasilio; y dos años después aterrizar en Miami gracias al presupuesto para un bar en sociedad con Paquito, un primo gallego a quien sí lo unen lazos de sangre.

Debutó en su nueva vida como siempre lo soñó, detrás del timón de un Audi, frecuentando las discotecas de south beach y de restaurante en restaurante. No lo sorprendió que su éxito desatara todo tipo de comentarios, desde gigoló especializado en ancianas, hasta scort para caballeros.

Se lo comenté en un email y me respondió con dos textos.

1- “no le agas caso, eyos lo que me tiene es enbidia”

2- “no pueden yegar donde yo yego porque no tienen celebro”

Trascribo aquí sus mensajes y me ahorro la explicación de por qué sus comentarios son de los más esperados en los chats del facebook en español. No menos notable es su dominio del idioma inglés, el de Hilaeah lo asimiló en una semana. No hay week-end que no se vaya de party con amigos super nice.

Tres meses hace desde que comencé este blog y es tiempo de que le agradezca a la estafa por su apoyo incondicional desde el principio, por dejarme hurgar sin restricciones en su infinito caudal de anécdotas, por hacer este proyecto suyo. No ha pasado un día sin que suene el teléfono –a veces hasta de madrugada- y escuche su voz del otro lado sugiriéndome algún que otro personaje, o proveyéndome información de último momento. Le agradezco además por hacerme confidente de sus historias más intimas. Una de mis próximas entradas estará basada en sus aventuras con Jesuito mademoiselle prematura.

Hoy no me ha llamado. Sospecho que lo tomó por sorpresa la pregunta que le hice anoche mientras preparaba en secreto su panegírico:

Ven acá, dime una cosa, ¿cómo es que escribe, Dany con y griega o Dani con i latina?

Fin

Por último un nombrete gansteril: Carlito’ mala cara

Y uno apura’o: Felicio métele la quinta

—-

Si te gusta el blog puedes decirlo en facebook, dando click en like a la derecha, bajo mi fotografía.

Para recibir las entradas directamente, envíame un email a nombretecubano@gmail.com, escribe nombrete en el asunto.

Monografía del nombrete cruel.

No es mi pueblo, Ranchuelo, el de más nombretes per cápita en Cuba, a pesar de lo que pueda opinar su primer ciudadano y acaso futuro alcalde, Papito Salsita. Tampoco lo es Artemisa, ni Jatibonico, ni Cárdenas, ni La Guanaja natal de mi querido Henry el Albino.

Si bien tenemos los de mi pueblo, joyas irrepetibles como Rafael perra chula y Dionosio cagalera, los camagüeyanos también tienen las suyas, Ramiro mojón de puerca y Felo caga bonito, por citar dos antológicos. De matanzas me llegó hace poco esta maravilla, Marito buchito e’ mierda, capaz de competir con uno que suelo dejar para las grandes ocasiones, Raulito cagando, excepcional a juicio del mulato Gener - experto en temas de la lengua-, puesto que no se trata de un sustantivo ni de un adjetivo, sino de un gerundio; en otras palabras al hombre no le dicen Raultio el caga’o como debiera ser sino Raulito cagando… Cag(ando).

La referencia escrita más antigua que he podido encontrar de la expresión nombrete no es cubana sino canaria. Abundan todavía en aquellas islas delicias como los culo fuego, los garrapatas, los puercos, los siete culos y hasta los corre que me cago. Sospecho que de allá y no de la península nos llegó la tradición. En España se da una situación similar a la nuestra, es raro escuchar un nombrete en las ciudades, en Madrid para encontrarlos tendrías que irte una aldea y en La Habana, darte un saltito a Güines.

Hace unos días una amiga alemana me contó que en el pueblo donde nació conoció los cabeza de vaca, los apestosos y cierto individuo a quien llamaban el podrido. Algo similar acabo de escuchar en boca de otro amigo rumano, habitante, lo crean o no, de Hialeah. De manera que el nombrete no es invención nuestra, sino un capítulo en la historia humana del que los historiadores nunca se acuerdan. No somos la patria del nombrete ni debemos arrogarnos los derechos de autor.

En lo que si tenemos prominencia –de esto no me caben dudas- es en el nombrete cruel. Un ejemplo supremo es el de Aramandito el gremlin, no tengo una foto del sujeto, pero si del personaje cinematográfico en que se inspiró quien se lo puso. Conocí a Armandito en una fiesta, ya me habían hablado de él y les aseguro que no tuve problemas en identificarlo.

Ariel el Bobby, mi amigo de muchos años vino a verme una tarde de lo más entusiasmado porque al fin alguien había dado en el clavo, lo acababan de bautizar bigornia en honor a su fenomenal quijada. Se acuerdan del instrumento del zapatero remendón, pues no se referían a ese sino al de ablandar acero, Lo incluyo no porque que clasifique como nombrete cruel, lo cruel es que hayan demorado tanto en ponérselo. Uno que siempre me llamó la atención tanto por la crueldad como por el ingenio, es el de Isis Lomonosov, la pobre muchacha nada tenía que ver con el eminente sabio ruso Mijaíl Lomonosov salvo por la amplitud de su espalda. Lomo-nosov.

Siempre que hablo de mujeres uso el nombrete auténtico pero suelo cambiarles el nombre al menos con una letra. Y es que la crueldad se convierte en saña cuando vienen dedicados a ellas. Por eso Fefa lávate el culo, no es fefa, ni Josefa, como tampoco Yaquelin veinte bollos esYaquelin –nunca supe el origen de su pluralidad genital- Ni Maritza culo contento es Maritza.

De ahí que se me haga mucho más fácil cuando hablo de clanes, el clan de las bollo e’palo, por ejemplo, o las cara e culo o las legendarias bollo triste.

Antes de terminar quiero declararme culpable de haber puesto un par de nombretes en mi vida. Uno verdaderamente cruel, lo reconozco con vergüenza. Quienes me conocen saben que no me gusta la saña, sobre todo si se trata de un buen amigo. Hablo de Napoleón la fosa, casado, de raza negra, ybaila table-dance enTenerife, para mayor información (teléfono, correo electrónico y su cuenta nueva de facebook) por favor contáctenme.

Lazaro Echemendia.

Por último un nombrete vesicouretral: Sixta la meona.

Y uno cropofágico: Jacinto masca mierda.

Si te gusta el blog puedes decirlo en facebook, dando click en like a la derecha, bajo mi fotografía.

Para recibir las entradas directamente, envíame un email a nombretecubano@gmail.com, escribe nombrete en el asunto.


Do como Neldo Copleita se cayo en el pozo ciego

Son las once en punto y Neldo sale a la calle sin imaginar que esta noche saldrá del closet para siempre, que de nada le sirve aprovechar la amenaza de tormenta para desaparecer en la penumbra de las calles con la capucha calada en la frente.

Camina evitando las pocas luces bajo un cielo de nubes bajas iluminado a ratos por el fulgor los relámpagos. El viento arrecia de pronto y apura el paso sin saber que la verdadera tormenta llegará con el sol de la mañana, cuando las sirenas de los bomberos llamen al pueblo a congregarse frente al solar de la negra Iluminada

Una cuadra mas abajo lo reciben las lucen de la avenida principal y a la carrera la cruza hasta la acera de enfrente, tan ágil que cuesta imaginar que bajo la capucha se esconde un hombre de cincuenta años.

Respira con alivio al ver que Miguel el bobo, fiel a sus instrucciones, aguarda en la esquina más oscura del parque. Finge no verlo según corresponde y sin detenerse le lanza el cartucho con los caramelos del pacto. Pronto la sombra jorobada y torpe del muchacho comienza a seguirlo a prudencial distancia.

Un par de cuadras adelante se adentran los amantes en el solar de la negra Iluminada. Van tomados de las manos por el caminito adonde no llegan las malas vistas, cuando el suelo desaparece de súbito bajo sus pies y juntos se desploman sin remedio en un abismo profundo.

Aturdidos por el estruendo de sus propios gritos no sienten los golpes que se dan el uno al otro ni la fuerza del impacto al chocar contra la masa de agua que los recibe. Al aterrizaje sigue la batalla por salir a flote, el forcejeo brutal que termina en cuanto Neldo logra desprenderse del abrazo del otro y a duras penas lo convence de que el agua no les pasa del ombligo.

Nada pueden ver en esta oscuridad de catacumba. Por fortuna les queda el resto de los sentidos para saber que están vivos, si bien el hecho no alcanza para contentar Miguel , que desconsolado llora la pérdida de sus caramelos.

Arriba mientras tanto el viento se lleva las nubes a empujones y el cielo, quien lo iba a decir, comienza a despejarse. Habrá quienes más tarde agradezcan a los cielos el milagro que salvó al pueblo de la tormenta y a los amigos de una muerte segura.

Quince metros bajo tierra Neldo evita pensar en lo que será su vida si logra salir del pozo. No imagina que a la mañana siguiente Albertico la potota, enterado de los sucesos, hará público los momentos de amor que compartieron en casa de Rubencito la-zorra. Del romance no quedara detalle sin revelar, incluso hasta los más íntimos, como el que inmortalizado en una frase de la potota, acompañará al protagonista de esta historia por el resto de sus días… Tiene rarisimo el instrumento, parece un helado copelita.

Convencido de que de nada le sirve lamentarse, Neldo calcula sus alternativas y pronto concluye que solo tienen una: Gritar hasta que alguien los escuche.

Entre tanto, a escasos metros del lugar de la tragedia, un golpe de viento le ha abierto la ventana a Anita Armenteros y justo cuando la mujer corre a cerrarla la sorprenden los gritos sepulcrales que llegan a ras de tierra. Insegura de lo que escucha dirige su mirada en la dirección de los gritos mientras desde algún rincón profundo en su memoria salta el recuerdo de la casa de al lado, con el techito estropeado y carcomida desde los cimientos, tal y como era hasta el día que un ciclón arrancó la puso a volar junto con su dueña.

De repente Anita se ve niña otra vez. Es noche de apagón y tiembla de terror al escuchar las historias de los seres de las profundidades que al llamado de la negra Iluminada suben a través del pozo oculto entre las hierbas del patio para participar de sus ceremonias macabras.

No espera más y de un tirón cierra la ventana, asegura los cerrojos y se persigna en lo que corre a la cama. A salvo bajo sus sabanas aguza sus oídos para asegurarse de que no fueron ideas suyas, pero el único ruido que escucha es el del aire empujando otra vez la ventana.

Quiere pensar que, en efecto, los gritos fueron cosa de su imaginación, de sus nervios queriéndole jugar una pasada. La ilusión se desvanece en cuanto las voces regresan. Anita se aferra a la cruz de su pecho y orina las sabanas mientras reza como no sabe hacerlo. No puede ser cierto lo que escucha, no puede ser que la estén llamando a ella.

Por fin llega la mañana y el sol la sorprende con los ojos abiertos. Son las seis y treinta cuando Anita se levanta de la cama, sale a la calle y armada del valor que le da luz del día se adentra entre la maleza.

A las seis y cincuenta y cinco corre a llamar a los bomberos.

A las siete el pueblo se despierta.

Fin

Por último un nombrete ecuestre: Remigio diente ‘e caballo

Y uno escatológico: Genaro caga-trillo